sábado, 8 de octubre de 2011

MERIDIANO 35


El arte chileno en comparación con el arte mexicano, brasilero y argentino es muy conservador en la comprensión de las vanguardias. Establecidas las coordenadas, decido enfrentar esta condición cultural antes de capitalizar en terreno los vínculos con las raíces europeas del arte y su actualización estadounidense. Tras estudiar el imaginario prehispánico y el arte colonial andino, la interrogante sobre qué es el arte y para qué se hace arte avanza con muchas curvas, sobre todo si eres el único miembro no fluctuante de la banda. Esta es una especie de historia loca. Porque había un documental sobre arte. Recuerdo lo atraído que estaba por aquel programa de televisión porque no encontré nada de lo visto en la caja idiota en los museos de Chile. Todo esto lo redescubrí en la escuela media, justo cuando transmitían documentales sobre arte chileno. Fueron buenos para mí de algún modo. Sentí una conexión de cabezas huecas. Tomé conciencia que estaba en un jodido lugar. Muy asediado, además, por la destrucción propia de las dictaduras. Definitivamente, empecé a practicar en un lugar así, donde te dejan solo para que puedas crearte a ti mismo. Sin subestimar este punto de la historia, ciertamente llevo mi lugar de origen artístico a lo que hago. Los artistas de mi país pueden odiarme por decir esto, pero mi “acento” catódico-tercermundista se ha hecho más espeso desde que los conocí. Definitivamente estar con ellos es algo así como la escena del baile de graduación de Carrie. Obviamente, al ritmo de las zampoñas de Morricone.

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