martes, 25 de octubre de 2011

MERIDIANO 19



La elección de acotar la gestión de Loyola Records bajo la terminología discográfica alegoriza irónicamente los intereses de la Industria Cultural dejando aflorar el interés por explorar la filosofía del Do It Yourself. Sin dar a entender pero si visualizar una irreverente pertenencia artística con los contenidos representativos, vivencias y recuerdos que se suceden, unos a otros, y sin pretenderlo, en el Chile neoliberal. Busqué una imagen distintiva para Loyola Records que tuviera un gustillo a las típicas relecturas situacionistas que hizo Jamie Reid en sus carátulas para los Pistols. Pero atenazado también con la simplicidad de los contratipos que los hermanos Larrea utilizaron en los discos de Víctor Jara y Quilapayún. La imagen corporativa terminó siendo la de Lászlo Toth, detenido tras atacar a martillazos a la Pietá. Esta imagen administrada como una carátula de discos la enmarqué en la cobertura teológica atribuída al “milagro (económico) chileno”, asentando en el espectador la invisibilidad de supuestos sentimientos de conmoción, esperanza o desilusión metafísica propios de una nación que ha estado destinada a ensayar ejemplarmente los destinos de los demás. Ignorándose a sí misma. No por nada fuimos y seguimos siendo un laboratorio para las potencias de turno.

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