martes, 25 de octubre de 2011

MERIDIANO 23


El devenir del artista en un lugar como el descrito, para mí al menos, es una mezcla de spaghetti western y ciencia-ficción de bajo presupuesto. Quiero decir terminas como un ser errante aislado del circuito artístico chileno pero no de la realidad tercermundista y de la aldea global que nos contextualiza. A la manera de un Outlaw sin nombre (antes, durante y después de estudiar arte) o Mad Max (después de asumir cargos administrativos en la academia). Me gusta imaginar a los artistas como gloriosos derrotados o vencedores heroicos. Sin desconocer las tesis de Duchamp cuando afirma que todo lo que un artista dice que es una obra, lo es, y cómo esta tesis es perfeccionada por Beuys cuando extiende que todos pueden ser artistas. Si un artista lo dice, recalco. Entiendo que los artistas son quienes han logrado, a pesar del desasosiego, el malestar, la ansiedad, la rabia de muchos y la desconfianza de todos, arrojar paradigmas junto con revelar una constancia nunca desmentida y una inteligencia escrutadora para adelantarse a las preocupaciones de sus contemporáneos. No olvidemos que la consideración de “artista” es propia de un avatar que abre posibilidades y medios para dinamizar el decir y lo dicho sobre la dimensión subjetiva y personal ante la colectiva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario