jueves, 27 de octubre de 2011

MERIDIANO 14


Confirmaba que la utopía del arte es sostenible haciendo arte a la manera que a uno le guste. Y no tener miedo de hacer cosas aparentemente raras a los ojos de los demás. Entre ellas, planificar exhibiciones como si fueran discos: un conjunto de obras que, según la ocasión son presentados como sencillos (singles), larga duración (LP), versiones extendidas (EP), ediciones piratas (bootleg) o compilados. Y enfatizar, mi desinterés en ser músico o miembro de una banda. Porque si Loyola Records es una alegoría que remite a un presente nombrado de antemano, Fuckin’Marcianos y su formato conceptual de demo, metaforiza el siempre subvalorado arte de revisitar irónicamente las maneras de nombrarnos, yuxtaponiendo el insolente nombre-símbolo de la maqueta a su propia temporalidad (obra inconclusa), que nunca se realizará por completo, que nunca se terminará de editar o que nunca formará parte de producción alguna. Salvo como una compilación de todas sus versiones.

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